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Teletrabajo y dirección creativa: cuando la realidad supera la ficción

Por Celina Sabatini. Directora creativa en MK Media, agencia perteneciente a AEAPS.

Ni siquiera cuando en mi empresa puso encima de la mesa si continuar o no en el formato teletrabajo, ni siquiera ahí, cuando había que tomar la decisión, hice la reflexión de manera individual. El equipo lo tenía claro y, si ellos lo preferían, ya era una razón lo suficientemente potente como para que mis reparos (en el caso de que los hubiera llegado a tener) no llegaran a ver la luz. Así fue que decidí respetar el deseo unánime del equipo por mantener un entorno en el que se trabaja mejor. Hoy creo que esa posición solo me ha traído cosas buenas. Estas son algunas de ellas. 

Teleprivacidad

Si alguna vez has soñado que llegas a un lugar público y la gente se te queda mirando porque solo te has puesto la ropa interior, conoces la sensación de la que voy a hablar: la exposición.

Eso es lo que experimenta un creativo cada vez que alguien pasa por detrás de su ordenador cuando aún “lo tiene crudo”. Así se siente cuando todos pueden ver, en pantalla de 27’’, cómo estás escribiendo un palabro absurdo que no se entiende mientras pones caras reflexivas y ladeas la cabeza para ver si pasa tu propio filtro. Un ejercicio, por otro lado, absolutamente necesario por el que hay que pasar.

El hábito de estar cortándose porque siempre hay gente alrededor que puede estar sentenciando desde la distancia, al final lo único que hace es fuerza en contra de una creación original y diferente.
Para llegar a una solución creativa hace falta explorar. Aunque no tenga sentido. Porque no sabemos a dónde eso nos puede llevar. O porque el hecho de encontrar mil cosas que no funcionan, nos hace confiar más en aquella que sí.

Y aquí el teletrabajo viene a aportar algo. Las personas, al estar en el lugar que eligen estar, tienen más libertad de experimentar, de jugar, de probar, sin miedo a sentirse juzgados u observados durante el proceso de creación. El ojo ajeno deja de ser una amenaza, simplemente porque no está, y las ideas fluyen con más naturalidad.

¿Se puede decir entonces que el teletrabajo produce mejores resultados? Se puede decir.

Teleautocrítica

Concatenada a esta ventaja, se encuentra una segunda y no por eso menos importante. Al estar en la soledad del hogar (o de una playa desierta, pero con internet), el creativo se encuentra con la obligación de mejorar su buen criterio y juicio. Debe de ser capaz de decidir por sí mismo si algo ya está “apto” para ser sometido al punto de vista de otras personas. Con lo cual, ya no se refugia en que alguien lo hará por él y le dirá si lo que está gestando responde o no a brief o si está bien maquetado. Tiene que ser capaz de desarrollar aptitudes relacionadas con la autocrítica y la honestidad sobre lo que está haciendo.

El teletrabajo ayuda a que el equipo se dé a sí mismo sus primeras “rondas de cambios”, detecte problemas antes que se los señale, y en consecuencia busque por sí mismo la solución. Así, solo se recurre a los directores creativos cuando se necesita el feedback. Cuando podemos aportar realmente.
Para un creativo la frase “no hay cambios” es música para sus oídos. Y para un director creativo, también.

Teletiempo

Otra manera en la que el teletrabajo mejora un equipo, y por ende, a su director, es la optimización del tiempo. No voy a revelar los porcentajes de rendimiento de mi empresa, pero puedo asegurar que trabajar desde donde queremos consigue que seamos más productivos en menos tiempo. 

Cuando hay mucha gente en una oficina, nos debemos un poco a nuestros compañeros, ineludiblemente. No contamos con la autonomía de poder decidir cuánto dedicamos a cada tarea: por coordinarnos con otras personas, por las distracciones con las que no contábamos, o las interrupciones de las urgencias de otros. 

Estar en casa no nos resuelve del todo este problema, pero es indudable que nos facilita gestionar nuestros tiempos, nos permite procurar un entorno más productivo, y nos acerca más a ese ideal de sacar las cosas a nuestro propio ritmo. Esto, sobre todo para las personas más autónomas, es un gran regalo que repercute visiblemente en el rendimiento y en el resultado.

El verdadero reto de esta nueva realidad

Con el teletrabajo, finalmente algo ha cambiado. Ha llegado el momento en el que ha quedado de manifiesto que el reto para un director (y ya no creativo solamente, sino cualquier director), no es tener al equipo “under his eye”, sino reunir gente talentosa y honesta, y conseguir que se complementen.

El verdadero reto no es estar en todo y con todos, sino en “armar equipo” de una manera nueva: con personas que se sienten libres de experimentar y que saben juzgar su propio trabajo. Y estando ahí para ellos cuando nos necesiten.

Que un directivo confíe en su equipo siempre ha sido un plus. Pero con el teletrabajo, es un must.

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