
Por Nico Kluguer, creativo en VML Health, agencia perteneciente a AEAPS
Hace muy poquito lanzamos una campaña de awareness para un cliente nuevo, o, más precisamente, un vídeo, un poema, un manifiesto. Una pieza que nos llenó de ilusión y orgullo. Una pieza que no era sencilla de realizar, porque había muchos factores que combinar para lograr lo que queríamos: una playa de difícil localización, un artista en quien debíamos confiar, una voz de ensueño, un piloto de drone, una casa realizadora.
Todo conspiró en nuestra contra: el clima, la lluvia, la gente, los permisos. Pero nunca mejor dicho, contra viento y marea, lo sacamos adelante con 3 días de rodaje y un presupuesto ajustado.
Ahora bien, una vez publicada dicha pieza, sucedió algo que, por lo menos a mí, me sorprendió: la gente comenzó a preguntar si la habíamos hecho con Inteligencia Artificial. No. No la hicimos con ningún modelo de generación de imágenes ni de vídeo. Grabamos cada uno de los planos, toma por toma, tuvimos que esperar las mareas y calcular exactamente el tiempo, esperar que la playa esté vacía, que la clase de surf de un montón de niños vascos terminara. Y en ningún momento del proceso pensamos en trabajar con IA.
Pero sucedió. La gente comenzó a preguntar si era IA o no era IA. Se generó tal duda, que el cliente pidió que montásemos un making of de los días rodados.
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