
Desde hace ya algunos años, unos pocos, los que nos dedicamos a esto del PR vivimos en una especie de contradicción tecnológica, una marejada indómita, que, por un lado, nos hace desconfiar, le vemos las orejas al lobo (expertos nos han puesto en la rampa de salida para ser remplazados por la IA), y, por otro, se abre ante nosotros un sinfín de alternativas que nos ayudan a ser tremendamente precisos y creativos en los mensajes y formatos para llegar a públicos muy definidos y diferenciados.
Así pues, nos quieren hacer creer que nuestro futuro dependerá de saber domar a la bestia, montar en su grupa, tensar sus crines y galopar huyendo de “la nada”, cual Atreyu a lomos de Falkor (referencia para aquellos que vestimos ya alguna cana).
Pues sí y no. La tecnología siempre ha sido una herramienta. Y el saber usar determinadas tecnologías siempre ha sido, a su vez, un valor para cualquier profesional en cualquier ámbito laboral. Sin embargo, la esencia última de nuestro trabajo sigue siendo, al menos todavía, las relaciones interpersonales. Unas relaciones en las que nos colocamos en una posición de mediador entre los intereses de nuestros clientes y los de los medios de comunicación/audiencias. Un flujo bidireccional en el que es importante tener claras las reglas de juego para construir puentes sólidos en los que todas las partes salgan ganando.
Persona a persona
“Tienes 5 minutos? Te llamo”. Puede que este sea el contenido favorito que envío desde mi WhatsApp. En este oficio, además de trabajar para compañías, como concepto amplio, trabajamos para personas concretas que tienen un puesto específico en estas organizaciones. Y transmitimos cierta información, valores y creencias de estas marcas y productos hacia los medios de comunicación, que están encarnados en personas concretas, periodistas, con los que nos relacionamos; o directamente a la población general, con el afán de comunicarnos con ellos a través de las redes sociales y otros canales consiguiendo que también perciban el mensaje difundido como algo personal, dirigido específicamente a cada receptor.
Tal y como publican Andersen y Przybylinski en Current Opinion in Psychology, “las relaciones cercanas tienen una importancia emocional y motivacional especial […] Ser conocido y comprendido (tener percepciones compartidas) constituye la base de relaciones duraderas y satisfactorias, protegiendo las relaciones de los conflictos”.
Además, apuntan que “el modelo del yo relacional propone que las personas significativas (definidas como cualquier persona influyente y con la que uno tiene -o tuvo- una relación emocional, incluyendo compañeros de trabajo) se designan de forma distintiva en la memoria. Cada persona significativa está vinculada a una relación única con esa otra persona y a un yo relacional único que se experimenta en relación con ella”.
Mantener relaciones únicas, basadas en lugares y realidades compartidas, harán de nuestro trabajo una experiencia enriquecedora y nos harán mucho más eficaces y eficientes; nos ayudarán a construir unas redes sociales (las de antes, las no digitales) fuertes, tanto con nuestros clientes, ya que conoceremos sus necesidades de una forma amplia y profunda, como con cada periodista, dedicándole su tiempo y su espacio, sabiendo cómo tratarle y qué requiere de nosotros. Quien dice periodista, dice KOL, DOL, influencer o audiencia. Vamos, las RP de toda la vida.
