
Vivimos rodeados de estímulos, notificaciones y contenido que dura segundos. La atención se ha vuelto una especie de tesoro escaso, y aun así, en el mundo de la salud se trabaja con mensajes que necesitan justo lo contrario: calma, tiempo y un mínimo de espacio. ¿Cómo conseguir que alguien se quede cuando todo invita a pasar rápido? Quizá la respuesta esté en recuperar un ritmo más humano.
A veces pienso que vivimos en modo automático. Pasamos de un vídeo a otro, de un post al siguiente, casi sin darnos cuenta. Todo es rápido, inmediato, fugaz. Y en medio de ese ritmo imposible, quienes trabajamos en comunicación de salud intentamos algo casi heroico: conseguir que la gente se quede unos segundos más. Que no pasen de largo en ese post o vídeo en el que has trabajado. Que un mensaje importante encuentre su hueco en medio de nuestro ajetreado día a día.
No siempre es fácil, los mensajes de salud necesitan calma, un poco de atención y sobre todo, tiempo para asentarse, pero hoy consumimos contenido como quien respira: sin pensarlo mucho y casi siempre mientras hacemos otra cosa. No es falta de interés, es simplemente la velocidad a la que se ha acostumbrado nuestra cabeza. Y aun así, seguimos buscando esa oportunidad en la que alguien decide frenar un instante y escuchar.
Por eso la idea del contenido slow, ya que no es un formato, sino una actitud. Donde poder transmitir esos mensajes donde puedas decirle al usuario “esto puede ayudarte, y quiero que lo leas con calma”. Por lo que para conseguir esto tenemos que preguntarnos: ¿cómo lo cuento para que alguien quiera quedarse, aunque sea un minuto más?
A veces ese quedarse nace de una historia sincera que toca algo emocional, de un mensaje claro que por fin hace que todo encaje o de una pieza visual que acompaña. Cuando el contenido está construido con intención, se nota. Tiene un ritmo distinto, más humano, más cálido y eso, en un mundo acelerado, se nota.
Lo curioso es que, aunque estemos rodeados de ruido, este tipo de contenido encuentra su espacio. No porque sea más llamativo, sino porque ofrece justo lo contrario: un momento de pausa y de conectar con el usuario con mensajes de valor que les puedan ser útiles, más allá de los vídeos a los que estamos acostumbrados en las redes.
Porque la salud no es un tema rápido. Es personal, sensible y merece mensajes que se tomen su tiempo y que inviten a quedarse, no a pasar corriendo.
Quizá, si conseguimos crear estos momentos de pausa, no solo comunicaremos mejor… también haremos que la experiencia sea un poco más amable. Un poco más humana. Porque en esta vida que no deja de correr, a veces lo más valioso es detenernos. Respirar. Sentir.
Al final, hay mensajes —especialmente los que hablan de cuidarnos— que necesitan tiempo para asentarse. Y nosotros también. Porque en un ritmo tan frenético, a veces necesitamos desconectar para volver a conectar: con la información, con lo que sentimos y, sobre todo, con nosotros mismos.
