Información médica en Internet

Por Juan Carlos Gil-Delgado, Director general de Inyección.

Es imposible poner puertas al campo o envasar el mar, algo así es lo que está sucediendo con la regulación sobre la información médica que se vierte en las redes sociales.

Six Thinking Hats

No cabe duda que un paciente bien informado sobre su enfermedad ya ha dado el primer paso. Probablemente el más importante para conseguir vencerla. El problema está en qué entendemos por “bien informado“.

¿Alguna vez has probado a introducir en los buscadores de Internet un término médico, una patología o el nombre de un medicamento? Es fácil comprobar la cantidad ingente de páginas de cuestionable calidad y confianza que aparecen en las páginas más destacadas de búsqueda. Inténtalo y verás.

Creo que estamos de acuerdo que la veracidad de la información que se encuentra disponible en el mundo digital se basa en la credibilidad de la fuente de donde procede.

“…la veracidad de la información que se encuentra disponible en el mundo digital se basa en la credibilidad de la fuente de donde procede. “

Por eso es muy importante, en aras de conseguir esto, que hubiera un listado de fácil acceso de fuentes de información que estuvieran validadas por los organismos oficiales competentes: MSC, AEMPS, EMEA, OMS etc… Es decir, un certificado tipo HON-CODE que garantice que la información relacionada con la salud en el entorno Web a la que tiene acceso un paciente es rigurosa en su contenido científico.

El problema está en ¿cuál es el organismo que otorga este sello de calidad?, ¿qué miembros forman esa comisión? ¿Sólo médicos? ¿médicos + personal sanitario (farmacéuticos, enfermería, etc…)? ¿y los pacientes y los laboratorios farmacéuticos?

Por qué no van a participar ellos de un visado que les atañe directamente y que realmente son quien validan si esa información es correcta o no, ya que su experiencia es la que dice si el resultado de la terapia es el que se buscaba.

Debería haber en esas comisiones la presencia del voto de los pacientes a través de sus asociaciones.

El poder del paciente en las redes sociales es enorme y probablemente su influencia respecto a la eficacia o los efectos indeseables y al cumplimiento de una terapia sea superior al que tiene el propio médico sobre el resto de la comunidad. Además, de todos es sabido que, a mayor gravedad de la patología, mayor es la información que recaba el paciente que la sufre y no digamos si esta búsqueda de información no es para él sino para un familiar directo, p. ej. un hijo.

El poder del paciente en las redes sociales es enorme y probablemente su influencia respecto a la eficacia o los efectos indeseables y al cumplimiento de una terapia sea superior al que tiene el propio médico sobre el resto de la comunidad.

En cuanto a la industria farmacéutica, también debería estar presente sin ningún tipo de tapujo, al fin y al cabo son ellos los garantes de que el medicamento prescrito cumple con todos los parabienes que garantizan su probable éxito si se administran según las recomendaciones aprobadas por los organismos oficiales en su ficha técnica. Entonces ¿por qué ese miedo o, mejor dicho, prevención a la hora de aproximarse al paciente? ¿por qué esa fiscalización sobre la información que un laboratorio pueda vertir en una red social. ¿Acaso porque les influya porque pensamos que el paciente está poco formado y que es fácilmente manipulable? Si es así, tenemos 2 graves problemas: el primero en no confiar en la ética de una industria cuyo primer objetivo es la curación y, el segundo (y quizás este sea peor), que pensamos que los pacientes en su amplia mayoría no saben discernir entre lo que le conviene a su salud y lo que no. Si es así, tenemos un gravísimo problema de educación.

Hay que estar presente en las redes sociales sin recatos y con una regulación que permita la pluralidad de opiniones, la veracidad de la información y la intervención para no permitir informaciones falsas.

La confianza en la ética y formación de los implicados en esta regulación: pacientes, médicos, personal sanitario y laboratorios farmacéuticos son la base para realmente conseguir una normativa que funcione, que consiga lo que la sociedad actual demanda: una información médica más libre y, por ende, más rigurosa.

Escrito por AEAPS
Categoría: Six Thinking Hats
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