Medicamentos a precio de chuches

Por Juan Carlos Gil-Delgado, Director General Inyección

PMFARMA

Actualmente en España, existen una serie de medicamentos con marca en cada grupo terapéutico que presentan un PVP IVA inferior a 3 €, medicamentos que todavía se siguen prescribiendo: Ansiolíticos, analgésicos, antibióticos, antiinflamatorios, antihipertensivos, etc. Fármacos muy establecidos entre la clase médica y los pacientes que tienen un importante volumen de ventas en unidades que contribuyen a aliviar y resolver una determinada patología o sintomatología.

Fármacos que a través de los años se han ganado, gracias a la experiencia con ellos, la confianza de ambos colectivos. Estos medicamentos tienen tras de sí una potente inversión en I+D hasta su comercialización, estudios en fase I, II, y III, más a parte, los gastos derivados de la puesta a disposición de la clase médica. Sólo basta con comprar cualquiera en la farmacia o preguntar por ellos y observar cómo todos llevan un envase que cumple una determinada reglamentación, un prospecto o ficha técnica que informa de los beneficios y posibles riesgos del mismo, así de cómo hacer un buen uso de él, un blíster o frasco que asegura su conservación y no manipulación, una fecha de caducidad, todo ello certificado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad con el código nacional.

Además al costoso proceso de investigación y registro hay que sumar el también importantísimo gasto de producción, distribución y comercialización: Redes de visitadores médicos cuyo tamaño medio es de 60 visitadores por laboratorio esto hace un total entre 8.000 y 10.000 visitadores necesarios para que esté, en la farmacia más cercana del paciente que lo solicite.

Se estima que el costo de desarrollo de un medicamento para empresas innovadoras que han lanzado al mercado en una década entre 8 y 13 fármacos, es de 5.500 millones de dólares por medicamento. Se sabe que cuanto más grande es la empresa farmacéutica, mayor es su costo de desarrollo ya que son éstas las que realmente tienen capacidad para realizar y financiar los estudios clínicos necesarios. En España la industria farmacéutica invierte casi 1.000 millones de € en I+D, 500 millones de ellos en estudios Fase III. La inversión en investigación clínica en los últimos 9 años ha crecido un 86%. Se estima que de las 4.400 personas empleadas en I+D por la industria farmacéutica (la principal inversora en I+D), 4 de cada 5 de ellas son titulados superiores. Todo esto es lo que hay detrás de un medicamento de eficacia y seguridad contrastada que vale 3€ o menos y que está desarrollado y comercializado para proporcionar salud.

Hace poco fui con mis hijos pequeños a una tienda de chuches, gominolas o como se les quiera llamar. Medio llenaron 2 bolsas y pagué 6 €. En cada bolsa había moras, fresas, melones, plátanos, regalices salados, corazones con sabor a melocotón, lengua con pica pica, etc. Parece ser que todo este “Sweet Boom” viene por parte de los suecos que son los pioneros en este sector y que, según he leído, consumen una media de 17 kilos por sueco y por año ¡Ahí es nada! En España estamos en 2 kilos por ahora. Sea como fuere, lo que no es de recibo, es el diferente trato social entre uno y otro sector. ¿Realmente existe algún control sanitario en la venta a granel de las chuches? Yo no lo he visto. No he visto información en las tiendas acerca de cuántas calorías suponen y qué valor nutritivo (¿?) tienen. Aproximadamente el 80% de una chuche son azúcares: Fructosa, Glucosa, Sacarosa, el 10% es agua y el 8% es gelatina proteína de origen animal. Por cada 100g de chuches, unas 5 piezas, estamos metiéndole a nuestro metabolismo 350 calorías con un valor alimenticio nulo, sin vitaminas ni minerales.

Las repercusiones sobre el organismo de los niños es muy variada y va desde la obesidad, las caries, alergias incluso asma, hasta la inapetencia ya que sustituyen o disminuyen el alimento necesario diario. ¿Cuál es el gasto en I+D de este sector? Pero, sobre todo, ¿cómo unos productos que van a favorecer la salud de las personas que los toman, que tienen unos controles sanitarios estrictos, que tienen identificados sus posibles efectos secundarios, que presentan una eficacia avalada por la propia experiencia de utilización y que se dispensan en envases especiales, pueden costar lo mismo o un poco menos que una bolsa de chuches? Chuches cuyo consumo habitual suponen un gasto añadido al coste sanitario en planes de prevención y control de la obesidad infantil y aun así, todavía hay que escuchar las voces de los demagogos hablando del gasto en medicamentos.

En vez de demonizar con programas fáciles y dirigidos a un público poco formado, deberíamos romper una lanza a favor de la Industria Farmacéutica y poner en su justo valor todos aquellos beneficios que proporciona a la sociedad, ¿o no es un beneficio increíble poder tener acceso a un tratamiento necesario para la salud, muchas veces por menos de 3 € al mes? Sin embargo, estoy convencido que, entre los otros padres que también compraban en la tienda chuches para sus hijos, más de uno era de la opinión que los medicamentos son caros. Lo que es caro es la ignorancia y el no tener unos criterios claros. Me gustaría que la mayoría de la gente cuando tenga un medicamento en sus manos fuera capaz de valorarlo en su justa medida. Quizás no es culpa de ellos, sino de todos nosotros, los que de algún modo u otro estamos relacionados con el mundo del medicamento que no hemos sabido concienciar a la sociedad de todo lo que hay detrás de él. De ahí el resultado: medicamentos a precio de chuche. ¡Una pena!