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Por los miembros de la AEAPS

Reflexiones Applicadas

por Sara Rodrigo, Account Supervisor de Havas Life Madrid

Leyendo esta cifra: “En 2011 se descargaron casi 44 millones de aplicaciones móviles con temática de salud”, alguien podría pensar que las agencias dedicadas a la salud tenemos una gran oportunidad de desarrollo en este campo.

Alguien podría creer que los laboratorios tienen delante un gran filón para llegar a médicos y pacientes ofreciendo contenidos de utilidad.

Alguien podría entender que los médicos tienen creciente interés por el mundo digital y por las herramientas que este les facilita, e incluso deducir que existe cada vez más consciencia, preocupación y responsabilidad sobre la salud de uno mismo.

Pero, en lo que realmente deberíamos pensar es en cuántas de esas 44 millones de aplicaciones fueron utilizadas más de una vez; de estas, cuántas fueron de real utilidad; y de este último grupo, cuántas  ayudaron a un paciente y cuántas sirvieron en la práctica clínica.

Después de leer varios estudios e informes internacionales, tengo la sensación de que la vorágine en la que siempre nos mueve el mundo digital nos impide abstraernos lo suficiente, tanto a los clientes como a las agencias, y nos dejamos llevar por la modernidad y por la ansiada “imagen tecnológica”.

Aunque la lógica nos diga que nuestra idea puede ayudar mucho al paciente o al médico, antes de plantearnos desarrollar cualquier aplicación deberíamos pararnos a pensar, y si podemos preguntar, si a un paciente con una enfermedad grave, físicamente molesta o socialmente difícil de llevar, le apetece hacer un registro constante de la misma.

Deberíamos tener en cuenta la edad y la adaptación tecnológica de la mayoría de las personas que padecen enfermedades crónicas.

Y deberíamos analizar e invertir tiempo y presupuesto en estar totalmente seguros de que estamos creando algo de real valor para el médico.

Soy consciente de que a priori estas reflexiones pueden resultar obvias, pero muchas veces con el briefing ya en la mano, perdemos  el sentido común arrastrados por “los tiempos modernos”.

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